domingo, 21 de febrero de 2010
Solo un pensamiento
Me viene bien un minuto de silencio, para contemplar la reencarnación de un espíritu masacrado por la vida.
Me viene bien llevar esta mascara, así oculto mi ser vacío, mis vacilaciones, mis ojos sin brillo, mis miedos. No tengo que sacar a pasear mi falsa sonrisa, ni siquiera es necesario que abra los ojos, que intente simular alegría u optimismo o ganas de levantarme a vivir nuevamente. Que no me conozcan, que no me vean mirar al que pasa por mi lado, poderme reír del atuendo de mi vecino sin que me avergüence de hacerlo, que no me descubran llorando por cualquier pensamiento mío, por cualquiera de esos pensamientos que se me ocurren cada vez más a menudo, poder reírme del paso con el corazón en la mano.
Lo recuerdo como si fuese ayer, llevaba días sin sonreír, el mismo trabajo de todos los días, los mismos gastos, las mismas decepciones. La gente me empezó a dar de lado, los amigos se fueron y no los eché de menos, en mi mundo no necesitaba ni necesito a nadie o eso parecía.
El problema es que no estaba solo, mi cara se fue agrietando, mis ojos entristeciendo, mi ropa se repetía, mi pelo empezó a crecer, con barba me vi mejor que afeitado, y la gente me empezó a mirar con extrañeza. Un día me di cuenta de que no podía seguir así, la melancólica tristeza estaba mermando mi alma, y lejos de tener apoyos, o de llamar la atención de mis allegados buscando el refugio de la compasión, estos me dejaban de lado, pensaron que era un tipo triste, un amargado, un antipático, alguien poco recomendable, y poco a poco me fui quedando solo.
Sin embargo y por razones que todavía no alcanzo a comprender, intento nuevamente algo por mi y para mi... y no puedo alcanzarlo, me ciega el deseo, no puedo tolerarlo.
¿Pido mucho?
Me agobian tus sentimientos me dijeron una vez. Ahí me di cuenta que esa persona no era para mi.
Y solo queda una cuestión... y no se que hacer.
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