lunes, 15 de febrero de 2010
Texto inmutable
Se quedaron tendidos, sumidos en la tibieza y en un dulce silencio.
-Dime algo.-
Él asintió con un murmullo, soñoliento.
-¿Como llegaste a mi? ¿Por qué estabas justo ahi, en ese preciso instante?-
Él se apoyó en un hombro para mirarla a la cara. La serenidad y la plenitud y la ternura le daban a su rostro una expresión tan franca y vulnerable que ella sintió el impulso inevitable de extender su mano y tocarle la boca, allí donde lo había besado por primera verz, meses antes, y eso hizo abrazarla nuevamente y el diálogo no continuo con palabras.
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