lunes, 3 de mayo de 2010

Un minuto de silencio por cada parte de mi que ya murio


E
stamos esperando que ella llame. Estamos comiendo y pensando en ella. Vemos una película y la comparamos con mil actrices que nos recuerdan sus labios, sus ojos clavados en los tuyos; sus pestañas nos persiguen por la calle y al llegar al bar. No existe un poder que te la pueda quitar del corazón. Y estas ahí esperando que llame. Y cuando llega la hora de dejar pasar el tiempo y marcar asterisco y las contraseñas lo único que esperas es escuchar su voz que diga lo que diga no importa. Pensas en su oído sobre el audifono y la preparación de su pensamiento para decirte lo que te diga.

Al llegar a tu casa recordas un instante tras otro; uno de los vividos tras otro de los vividos y así esperas la noche y sin necesidad de mirar las entrellas de tu amor, tu pasión y sufrimiento se transforman en un solo torrente macizo de presión sobre tu pecho. Es la desesperacion del amor... es la vivencia de estar entre cualquier película que tenga de todo y que termine bien.

Es desconsolante. Ya la salvaste de mil demonios, dragones y de que la pise un coche por cruzar mal; le llevaste la comida a la boca, el desayuno a la cama y era tan tierna masticando en nervios que hoy el solo recuerdo te haría llorar sin parar.

Estas ahí esperando que el teléfono suene.

Estas tan solo y tan en su compañia que el mundo te importa un carajo.

Bueno... ¿Por que les cuento esto? Porque así somos los hombres de verdad... y no necesitamos ni colonias ni coches nuevos, ni peinados, ni trajes, ni un perro que dé que hablar. Solo nos sumergimos en el amor y vivimos a la espera del total encuentro. ¿Parecemos mujeres? No. Somos esos hombres que ni la tele ni las revistas ni los científicos quieren ver.

Se los cuento hoy... tal vez no haya un mañana... y es probable que no lo haya.

***


By Roberto Pettinato

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